22 de septiembre de 2017    
Beatos José Calasanz y 31 cm    
La amargura
Desde el momento en que existe el simple deseo de Dios, de Cristo, del Evangelio, aunque lo comprendamos poco, la fe ya ha comenzado su caminar en nosotros. ( Carta de Taizé, 1996, Polonia)

Te causó el otro día extrañeza cuando viste a tu amigo en el funeral de tu amigo, muerto en accidente.

Sé que tuviste con él una larga conversación acerca de Dios y de su Evangelio.

Te diste cuenta de que tu amigo, que se considera ateo o agnóstico- palabra de moda- no lo era ni mucho menos.

En el fondo, siente el Evangelio como una fuerza liberadora de las injusticias que asolan al universo humano. Incluso en el funeral los viste rezar ante la cruz.

Le preguntaste que por qué lo hacía. Y él te contestó: Mis colegas del partido X me han dicho que hemos de mostrarnos agnósticos en público, al menos.

Tu amigo, sin embargo, movido por los sentimientos innatos de religiosidad en el ser humano, no pudo ocultarlos.

-¿ Qué significa todo esto?

Que basta tener ansias de Dios, deseos del Evangelio...para que desde mismo instante, la persona comience el camino de la fe.

Y, efectivamente, tu amigo- gracias en parte a tu conversación con él- se vio libre de las ataduras del partido y comenzó a vivir contigo una nueva vida movida por la idea y la vida que transmite el Evangelio.

Ya sabes que no hay un libro más revolucionario que el Evangelio vivido en toda su profundidad. La mayoría de los sistemas de políticos y pensadores se han basado en él para escribir sus tratados políticos, sociales...

Las cartas o encíclicas de los Papas, -¿ no tienen más ideas y programas sociales y políticos que las de los mismos partidos políticos?

-¿ Qué ocurre entonces? Nadie las lee y estudia. Tu amigo, a raíz de este funeral, tuvo la valentía para romper esquemas. No se apartó del parido. Es más, se ha convertido en uno de sus grandes ideólogos. Todo el mundo lo respeta cuando se declara creyente ante sus mismos compañeros.

Dice el hermano Roger al margen de su carta:” Un joven de 17 años escribió un día en Taizé: " Nunca tuve la ocasión de plantearme preguntas sobre la fe antes de los 13 ó 14 años. Hoy, me hago preguntas. He leído la Biblia, pero me ha parecido difícil de comprender. Asistí dos o tres veces a una Eucaristía y nunca me he emocionado tanto en mi vida. Me pareció que fui tocado por la gracia de Dios. A partir de ese momento, comencé a creer, y un día sentí la necesidad de encontrar a alguien que me hiciera comprender la fe".

Déjate de vergüenzas y manifiesta con tu vida la alegría de ser creyente. Y hoy más que nunca. -¿Sabes por qué? Por ir contra la moda de los “nuevos agnostiquillos”.

-¿Vives alegre tu fe?

-¿Te das de agnóstico?

-¿Pasas de ellos?