11 de Marzo de 2010    
San Eulogio de Córdoba    
Plenitud de tu vida
bre en ti oasis interiores. Aun cuando atravieses pasajes inimaginables, llegas a resistir los tormentos que te asedian, al temor de las amenazas, al miedo de la muerte de quienes amas (Carta de Taizé, Etiopía, Roma, 1988)

Si te adentras en tu mundo, percibirás realidades insondables. Por más que te estudies, nunca llegarás saber lo que eres y quién eres.

¡Son tantos los tesoros que albergas en tu corazón y en tu mente!

Por eso, amigo/a, lo mejor de tu existencia tienes que ir aflorándolo, sacándolo fuera para que tus talentos los vea todo el mundo. No por un estúpido orgullo personal, sino para que se den cuenta de que vales un mogollón.

Ahí, en tu mundo interior, tienes oasis para refrescarte cuando sientas desalientos, amarguras... No te quedes en un mar de quejas inútiles. Descubre lo que hay en ti y llévalo a la práctica.

Posiblemente estés atravesando un desierto en tu vida. Igual que el peregrino del desierto conoce los lugares de los oasis para refrescarse, tú debes conocer los tuyos.

Así, cuando te lleguen las tormentas, las pruebas y la muerte dolorosa de un ser querido, recurrirás en seguida a saciarte en las fuentes que te consuelan y sobre todo en las fuentes u oasis que te hacen recuperar pronto el sentido de todo cuanto te sucede

¡Cuántas lágrimas y amarguras continuadas por años se evitarían si cada ser humano tuviese conciencia de los oasis consoladores y vitalistas que tienen dentro de sí mismos!

Pero van pasando los años como estrellas fugaces por su vida. No llegan a conocerse en profundidad. Y cuando le asaltan estas pruebas se derrumban.

-¿Cómo es posible que un creyente se venga abajo cuando tiene dentro de sí las fuentes que dan la confianza en Dios?

Lo que le ocurre es que quiere que todo gire en torno de sí. Y cualquier cosa que va contra sus deseos, lo ve con malos ojos.

Y se llaman creyentes. Pero de creyentes tienen solamente el nombre. Se ahogan en sus penas en lugar de verlas como pruebas de maduración en su camino hacia Dios.

Todo cuanto te acontece, no lo contemples como castigo o venido de Dios. Estás equivocado. Dios no quiere el mal. Pero ten en cuenta que eres un ser limitado. Y como tal, te sobrevienen momentos dulces y amargos.

-¿Por qué no los pasas por el filtro de tu fe y de tu confianza?

Pero no señor. Para ti lo que cuentan son los torrentes del sentimiento. Nadie siente como tú. No es verdad. Todos sienten. Lo que les ocurre a los creyentes es que saben relativizar todos los sucesos bajo la mirada atenta y amorosa de Dios.

Eso es todo. Tienes oasis dentro de ti y, sin embargo, te sientes seco y sediento. ¡ Vaya contradicción!

Dice el hermano Roger al margen de su Carta de Etiopía: -¿Por qué se presta tan poca atención a la palabra de Pablo, el Apóstol, que afirma que en la tierra ya hemos resucitado con Cristo. En el momento en que cerramos los ojos por última vez, entramos en la plenitud del Reino de eternidad, pero la resurrección ya había comenzado .

-¿Eres consciente de tus oasis?

-¿Vas a ellos cuando te hacen falta?

-¿Los conoces bien?