30 de mayo de 2017    
San Fernando    
Inundaciones de Dios
Si ocurre que una bruma interior nos hace ir a la deriva lejos de la humilde confianza de la fe, Cristo no nos abandona por ello. Nadie está excluido de su amor...ni de su perdón, ni de su presencia.

Y si en nosotros surgen desánimos e incluso dudas, él no nos ama menos. Está ahí. Alumbra nuestros pasos... Y resuena incansablemente su llamada:”¡ Ven y sígueme!” Seguirle con un corazón decidido, no es encender unos fuegos artificiales que dan un fulgor vivo y luego se apagan ( Carta de Taizé, “Elige amar”, Polonia 1996)

-¿Qué te pasa hoy? Se te nota en el rostro un cierto aire de fuerte preocupación. Se te ve hundido por algún problema que te ha venido. Te sientes solo. El desánimo aflora en tu mirada como una planta reseca por falta de agua.

Hoy ni siquiera has hecho tu meditación o tu stop para analizarte en profundidad. La desgana se ha apoderado de ti mismo. No tienes ilusión por nada: ni de salir con tus amistades, ni de que te hablen, ni de que te pregunten por tu estado anímico.

Sin embargo, en estos momentos de abandono a tu propio mundo, está Cristo gritándote con suavidad en tu conciencia:¡ Vamos!, sal de tu postración. Te sigo amando como siempre. No soy tan cambiante y variable como tú o algunos de los que te rodean.

¡Anda, amigo, deja tus cosas pesadas en mis manos para que yo te las haga ligeras!

Yo alumbro tus pasos. Mira, lo que te ocurre es que te has levantado con un físico regularcillo. Y este estado físico se ha apoderado de ti para hundirte. No, presta atención a mis palabras: Quiero verte contento. -¿No te das cuenta de que Dios está ahí en tu malhumor, en tu cansancio, en tu soledad, en tus incomprensiones familiares, comunitarias y amorosas?

¡Ven y sígueme! Estas palabras deben sonarte como timbales de gloria para despertarte de tu mal estado. Y sígueme ahora que pareces un fuego artificial. No me agrada mucho que seas así. Pero entiendo tu fragilidad humana. Y, desde ella, te invito y te llamo a que te realices mejor precisamente cuando estás así.

Eres – si me sigues - un volcán de fuego de amor. Abre el cráter que te tiene sofocado y ábrete al fulgor de Dios que nunca se apaga en tu corazón.

Gracias, Señor. ¡Menuda suerte he tenido de que me hables así de claro , y a la propia intimidad de mi persona. Y lo has hecho sin herirme como tantos colegas lo han hecho ya durante estas horas de este día concreto.

-¿Te positivas en los días negros?

-¿Levantas tu ánimo apenas notas que se baja?

-¿Confías a Dios también tus penas?