18 de febrero de 2018    
Santa Bernardita    
Excelentes cualidades no explotadas
Jesús fue hombre. Conoce la aspiración humana a una paz interior. Y, antes de dejar a los suyos, les asegura que recibirán un consuelo.-¿ Habrá en nosotros un abismo de temores, de dudas, o de aislamiento? ¡ Alegría! ¡ Alegría del alma! En nosotros , el abismo de inquietudes llama a otro abismo, la inagotable compasión de su amor. ¡Y qué asombro: tan cerca estaba la confianza y con frecuencia la ignorábamos! Cristo nunca nos abandona a la angustia de la soledad, donde no habría sino tiniebla, melancolía y tristeza ( Carta de Taizé, 1995, París)

Te gustarán a este respecto las palabras de san Juan Crisóstomo , pronunciadas en el siglo IV :”Se llama a Dios el Dios de la consolación, el Dios de las misericordias, porque su continua preocupación es consolar, animar a los desgraciados y a los afligidos, incluso si han cometido miles de pecados”.

Sí amigo. Te invito a que salgas de tu oscuridad y te dejes llevar por el asombro de Dios. Este cristiano del siglo IV nada menos, ya intuyó la verdadera personalidad de Dios.

Y tú, sumido en tu escasa formación, sigues apegado a la idea de Dios como un abuelito bueno y con barbas blancas.

No, amigo, no. La mejor representación de Dios es su propio Hijo, Jesús, siempre alegre y siempre joven.

Te recomen las envidias , los temores, las dudas y tu mismo aislamiento de los demás. Vas de abismo en abismo y, posiblemente, sin darte cuenta.

El abismo llama al abismo. Dice el hermano Roger al margen de la carta: Sintiendo como un vacío interior, hay quien llega a preguntarse:-¿ dónde está Dios? En nosotros puede haber dudas, pero no por ello nos ama menos.

Cristo, el Resucitado,-¿ no permanece al lado de todos, incluso de aquellos que no le conocen? Algunos cristianos se sienten completamente desconcertados cuando les dicen que su fe es como la proyección de una actitud inconscientemente infantil. La duda puede deslizarse en el alma. Sin embargo la duda no tiene nada de temible. La madurez de una vida interior ayuda a descubrir un pasaje que va desde la indecisión, o la duda, hasta la muy humilde confianza en Dios.

-¿De qué te dejas asombrar?

-¿Sientes temores?

-¿Cómo los combates?

- -¿Te sientes vacío?