19 de octubre de 2018    
San Pedro de Alcántara    
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Belleza antigua y siempre nueva: a causa de su vida entregada, hay multitud de gente que testimonia que el ser humano no ha sido creado para la desesperanza ( Carta de Taizé, Rusia, mil años del cristianismo , 1989)

Si tienes belleza en tu interior vale hoy, mañana y siempre. No cambia de precio. Creo que todo lo contrario: a medida que pasa el tiempo se aquilata como el oro en el crisol

Y así, poco a poco, has ido acumulando en tu vida interior una belleza tal que es la admiración de ti mismo, de Dios y de los otros.

Se te notará esta belleza mucho más si continúas entregado a quienes te circundan, llevándoles el aliento para que vivan su dignidad de seres humanos de forma nueva.

Eso es. No te quedes a medias. Sal de tu cobijo y presencia la realidad que te rodea. No te quedes parado. Mira las cosas que puedes hacer para mejorarte a ti mismo y a todos aquellos con los que tratas. Todos deben llevarse de ti el buen olor de tu belleza interior, manifestada en detalles nimios pero, al fin y al cabo, detalles que te definen ante los demás como una persona distinta, elegante, atractiva ,no tanto por su belleza externa cuanto por la interna.

-¿No te das cuenta que de esta manera estás desterrando del corazón de mucha gente la desesperanza y la desilusión?

-¿No es un santo orgullo para ti saber que transformas a tus vecinos y a tus amigos y amigas con el aporte de tus cualidades adquiridas en el yunque del Evangelio?

Al margen de la Carta de Rusia dice el hermano Roger: En las iglesias rusas, la oración común, la profundidad coral de los cantos, los iconos, los lampadarios, el incienso, todo se cuida para discernir la alegría del cielo sobre la tierra. En su globalidad, el creyente se siente impactado hasta en su profundidad. No sólo en su inteligencia sino también en su corazón.

Los iconos son como ventanas que se abren a las realidades del Reino de Dios y las hacen presentes en nuestra plegaria. Hacen entrever a los humanos ya transformados y resucitados.

El secreto del alma cristiana rusa está sobre todo en la espera de la resurrección. El Resucitado mediante su presencia en cada uno va realizando poco a poco una transfiguración. De aquí que los cristianos rusos hayan tenido siempre una vida interior llena de energías de amor para soportar tanto los tiempos pacíficos como las pruebas más duras. Mediante su confianza en la resurrección, ellos se sienten fortalecidos en lo esencial de la fe.

-¿Cómo andas de belleza interna?

-¿Eres consciente de esta realidad que te envuelve?

-¿La haces fructificar para tu bien y el de los otros?