27 de abril de 2017    
Virgen de Montserrat    


Toda la vida es vocación, toda la vida es formación.

La formación inicial lleva a la identificación con un proyecto de vida consagrada que se debe traducir en experiencia de vida a lo largo de toda la existencia. La formación permanente es la gracia y el compromiso que lleva a vivir ese proyecto con un dinamismo de fidelidad. Ella es la continuación natural y absolutamente necesaria del proceso vivido en la formación inicial. La formación permanente es una necesidad congénita de la realidad personal del salesiano y del corazón de su vocación cristiana y salesiana, por diversas razones:

-el carácter evolutivo y dinámico de la persona humana pide una constante apertura a la renovación en todas las dimensiones y los momentos de la existencia;

-la vida cristiana es una vocación permanente, un desarrollo de la gracia bautismal; requiere capacidad de discernimiento y respuesta de fe frente a los desafíos que la situación cultural le presenta. La Iglesia misma está en estado de continua renovación y la estimula en sus miembros;

-la misión juvenil salesiana, que se dirige a esa parte de la humanidad siempre nueva e imprevisible, exige creatividad y dinamismo constantemente renovados: Mediante sus solicitaciones, los jóvenes nos impiden quedarnos en el pasado, nos educan y nos apremian a encontrar respuestas nuevas y valientes;

-los ritmos acelerados de las transformaciones del mundo provocan de modo inquietante y crean interrogantes que exigen a nivel personal y comunitario respuestas adecuadas (por ejemplo, los desafíos de la nueva cultura, de la secularización, de la evangelización);

-la actual expectativa y demanda universal de calidad en todos los ámbitos exige que la vida consagrada sepa mantener legible su testimonio y eficiente su servicio apostólico;

-el rol animador de la comunidad salesiana, como núcleo generador, orientador y formador de la acción pastoral en el nuevo contexto de intercambio con los laicos, subraya la urgencia de una recarga espiritual y apostólica, de una actualización doctrinal y de competencias adecuadas y reconocidas.