17 de agosto de 2017    
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El Instituto de Estudios Conquenses homenajea a Rafael Alfaro

27/07/2017 | María Fraile

Fue director del Boletín Salesiano y de la Editorial CCS.

En la comarca de La Mancha, se encuentra la localidad El Cañavate, donde en 1930, poco tiempo antes de que estallara la guerra civil, vio nacer a Rafael Alfaro, un poeta y periodista español que a su muerte en Granada en el año 2014 dejó más de una veintena de libros publicados, la mayoría de ellos de poemas, y una cosecha de numerosos premios nacionales e internacionales, como por ejemplo, el Premio Nacional de Literatura de San Salvador o el Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística por su libro Hora de la tarde.

Con la presencia de su hermana, Belén Alfaro, de su primo hermano, Avelino Alfaro, y de miembros de la Junta Directiva del IDEC, el pasado sábado 15 de julio, en torno a cuarenta personas pudieron profundizar en el conocimiento de este poeta conquense en el centro social de su pueblo natal: Allí, el también conquense escritor Juan Clemente Gómez impartió una conferencia titulada “Rafael Alfaro, vida y obra literaria” a la que sucedió un sencillo y cálido acto en el que se descubrió en su casa natal una placa en su memoria, un vestigio físico que permanecerá en el tiempo para contribuir al recuerdo de uno de esos poetas conquenses cuyo rastro, el Instituto de Estudios Conquenses quiere que permanezca siempre en el tiempo.

Rafael Alfaro estudió filosofía y teología en Córdoba y Sevilla. Ordenado sacerdote salesiano en 1957, fue enviado por su congregación religiosa a Centroamérica, donde permaneció once años. Estudió canto gregoriano en París, enseñó filosofía, literatura y música en El Salvador, y a su regreso a España fue director del Boletín Salesiano y de la Editorial CCS, colaboró como crítico de poesía en la revista Reseña y publicó en las revistas Cultura, Claustro Poético de Jaén y Boletín Salesiano.

Sin embargo, la creación poética fue su principal dedicación y fue uno de los mejores poetas de la llamada generación del cincuenta, como pone de manifiesto el citado libro Hora de la tarde, cuyo título evoca el final de la jornada que vive el hombre en este mundo. Se dice que una de sus cualidades residía en el modo de trascender la realidad hasta componer una poesía intimista, una especie de canto místico donde la contemplación lírica, a través de imágenes, evocaciones y resonancias con mucho sentimiento, lleva a reflexionar sobre la transitoriedad de la vida y de las cosas mundanas con un tono elegíaco que atisba, sin embargo, un hilo de esperanza.

Sus poemas hablan de problemas existenciales con voz pausada pese a utilizar imágenes muy expresivas, “llevaba dentro la inquietud de la noche oscura que precede a ese impulso vital de la esperanza cristiana”, como diría Miguel de Santiago tras su muerte en 2014, pero sus versos pueden leerse fuera de una clave estrictamente religiosa, en el marco de un ámbito universal que ha llevado a que, con el apoyo y presencia del ayuntamiento de El Cañavate, el IDEC Instituto de Estudios Conquenses, dentro de su programa “Hitos literarios en la provincia”, le haya rendido un homenaje en el pueblo que le vio nacer.