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“Hasta mi último aliento, para mis jóvenes”

17/05/2012 | Nuria Casal A. Salesiana . Barakaldo

Nuria Casal Arroyo, joven salesiana del colegio Nuestra Sra. de Begoña, Salesianas Barakaldo escribe a Don Bosco una carta después del paso de la reliquia por su casa.

Querido D. Bosco:

Fue emocionante el encuentro contigo. No sólo ese día, como cuenta el principito en su encuentro con el zorro, el ir preparando durante estos meses el momento, iba haciendo más expectante e intensa la espera. No sabíamos muy bien como los niños, los adolescentes de casa, los adultos, saldrían a tu encuentro, pero, tú, el padre de la juventud, te hiciste entender rápidamente con la presencia, y fuiste tú el que saliste al encuentro.

Me gustó que para darte la bienvenida por la noche a nuestra casa estuviera toda la familia, desde los más pequeños a los mayores. Me emocionó poder estar allí en la capilla del cole, con la comunidad de hermanas, salesianos, con algunas muchachas de la ESO y dos peques sentados uno a mi lado y otro en las rodillas, maestra de casa, familia salesiana…,Qué mejor encuentro contigo y con Jesús que rodeada de niños y jóvenes, mirándote y pidiéndote ayuda para estar junto a ellos.

Y allí te quedaste, en la capilla, pero no sólo, claro. Mientras las personas se iban marchando a sus casas en el ambiente quedaba la oración y el encuentro, en tu presencia la emoción de los que habían estado allí, quedaba el calor de la familia salesiana.

En la mañana el compartir la Eucaristía, como cada mañana la comunidad de hermanas, pero el viernes de un modo especial, tú nos acompañabas, sentí el impulso de Jesús Resucitado, y del carisma, el renovar de nuevo mi compromiso como salesiana y poner bajo tu intercesión nuestra casa.

La mañana fue pasando serena, y la capilla llena de niños, educadores, padres y madres, jóvenes. Cada curso con seriedad y sentido iba haciendo su oración, sencilla, pero de corazón. Los pequeños expectantes por saber cómo estabas, cómo sería eso de la urna, muy graciosos. Alguno de 7 años me preguntaba, “y cuánto queda para las 10’30, para ver a D.Bosco”, a su modo querían participar del revuelo y la fiesta que había provocado tu venida a nuestra casa. Su ilusión e inocencia eran motivo de sonrisa y de pensar que Dios siempre está con los pequeños.

Al final te despedimos en el patio, con cantos, bailes, alegría, desde los de la guarde hasta los mayores. Tus queridos jóvenes, y los nuestros.

Días anteriores ya pensaba en esta y este otro, pidiéndote que tu paso por nuestra casa les ayudara en su vida.

Gracias D. Bosco, porque tu recorrido por las casas, por los patios…, por los corazones, nos esta dando una nueva oportunidad de renovar el carisma, de llevar a los jóvenes a Jesús Resucitado, de comprender la grandeza de lo que supone entregar la vida hasta el último aliento, porque con tu paso nos unes y nos convocas como familia. Esa es mi experiencia, la de renovar una vez más la opción por los jóvenes, por los más pobres, la de unirme a tus palabras y decir de nuevo, “he prometido al Señor que hasta mi último aliento será por estos mis pobres jóvenes”.

Hasta pronto D. Bosco, nos vemos pronto en tu casa, que es cualquier casa donde esté Mª Auxiliadora.