18 de agosto de 2017    
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Dolor y esperanza de la mano al recibir a Don Bosco en Estrecho

20/06/2012 | Marta Cesteros

La llegada de la Reliquia a este centro salesiano de Madrid estuvo marcada por el reciente fallecimiento de Kike, animador del Centro Juvenil, el pasado fin de semana.

A la misma hora en que Kike estaba siendo enterrado, en la tarde de ayer lunes, Don Bosco visitaba su casa salesiana del castizo barrio madrileño de Estrecho.

Sin duda, la Providencia sabía que, en este día más que ningún otro, iba a ser necesaria la presencia paternal de Don Bosco entre sus jóvenes del Centro Juvenil “La Balsa”. Don Bosco venía a compartir con ellos el dolor por el amigo perdido, pero también para animarlos en la fe y la esperanza. Enrique Huerta, “Kike” para sus compañeros y sus chavales de Estrecho, perdió la vida el pasado sábado en Pirineos, en un desafortunado accidente, mientras preparaba las marchas del próximo campamento de verano. El Señor lo recibía en sus brazos precisamente en una de las múltiples ocasiones en que estaba entregando generosamente su tiempo y sus capacidades al servicio de otros jóvenes, en pleno ejercicio de vocación salesiana.

En el marco, pues, de estas especiales circunstancias, la urna con las reliquias de Don Bosco fue recibida en el patio del colegio, de una forma un tanto atípica. Nada que ver con el ambiente festivo y desenfadado con el que se ha vivido en otras obras de la Inspectoría; más bien, ayer en Estrecho, flotaba en el ambiente un solemne silencio palpitante de emoción contenida. Y, eso sí, mucha, mucha oración.

Bajo los acordes del “Don Bosco, volverás”, la urna atravesó el patio, entró en el templo y fue colocada en la capilla lateral, a los pies del Sagrado Corazón, espacio que había sido especialmente preparado para acogerla, decoradas las paredes con dibujos de los alumnos de Primaria y carteles alusivos al Buen Pastor.

Precisamente este pasaje del evangelio constituyó el leitmotiv de la Liturgia de la Palabra que sirvió como celebración de bienvenida. En su alocución, el Párroco y Director de la obra, Don Julio Díez, recordaba que también Don Bosco “como buen pastor, nos acompañará siempre, incluso en los momentos de dificultad, cuando sufrimos”, y añadía: “Recuperemos junto a él la alegría y la esperanza en la que nos enseñó a vivir”.

Un goteo incesante de personas, mayores y pequeñas, niños, jóvenes y ancianos, familias enteras, consagrados y laicos, incluso sacerdotes diocesanos de otras parroquias del barrio, fueron pasando durante toda la tarde a venerar las reliquias y hacer oración ante el padre y maestro de los jóvenes. También había oportunidad para expresar esta oración por escrito: a un lado de la urna, un libro de firmas; al otro, en el “rincón del diálogo”, un montón de papeles y bolis invitaban a comunicarse con Don Bosco.

El nombre de Kike fue de la mano con el de Don Bosco a lo largo de las diversas celebraciones de la tarde, como no podía ser de otro modo; en cada una de ellas, hubo recuerdos para ambos. Primero, durante la imposición de la insignia de Antiguos Alumnos a los chicos y chicas de 4º de la ESO, que rompieron en aplausos en homenaje a su animador. Después, Don Javier Cuevas, Vicario Episcopal para la Vicaría VIII, que presidió la eucaristía solemne, tuvo también un recuerdo en su homilía para “este joven entregado a los demás”, poniendo el acento en el rasgo fundamental de la espiritualidad salesiana: “Una fe que no se vive con alegría y con esperanza termina por agotarnos, termina siendo una pesada carga”. Concelebraron con él los sacerdotes salesianos de la casa, con el Director al frente, y el Vicario Inspectorial, Don Mariano Sáez. Durante la eucaristía, se invitó a los miembros de los diferentes grupos de la Familia Salesiana y a todos los amigos y colaboradores de esta obra de Estrecho, a que renovaran juntos su compromiso de fidelidad al carisma salesiano.

Ya entrada la noche, se cerraba la secuencia de celebraciones con la más íntima y entrañable: la Vigilia de Oración en torno a la Reliquia, preparada por los jóvenes del Centro Juvenil y de la parroquia. Una meditación guiada, a través de distintos textos sobre la figura de Don Bosco, iba lanzando retos al compromiso salesiano y logró crear un clima de recogimiento propicio para la oración. Cada cual pudo dar rienda suelta a la expresión escribiendo su pensamiento en un corazón de papel que después se podía pegar alrededor de la imagen de Don Bosco. Los jóvenes estuvieron arropados, en esta Vigilia, por los salesianos de la comunidad, así como por Las HMA de las casas salesianas de la zona (Villamil, Dehesa de la Villa y Pza. Castilla) y por los SSCC de la casa y de otras obras salesianas de Madrid, entre otros. En esta celebración, en la que los jóvenes tuvieron especial protagonismo –más, si cabe, teniendo en cuenta el difícil momento en el que tenía lugar- quisieron acompañar a los chicos y chicas de esta casa el Inspector, Don Luis Onrubia, y los Delegados Inspectorial y Nacional de Pastoral Juvenil, Luis Alberto Guijarro y Rosendo Soler.

El punto final a la jornada lo ponían las Buenas Noches del Inspector, quien cariñosamente hacía memoria de aquello que decía Don Bosco: «Decid a mis jóvenes que los espero a todos en el Paraíso». “Efectivamente, –añadió- más aún cuando pasan cosas como ésta, conviene recordar que Don Bosco nos tiene un sitio reservado allí y nos está esperando”.