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SOLIDARIDAD
 
Cómo educar hijos solidarios en el siglo XXI
Realizado por: Carlota Fominaya – Abc – 23/06/2014
Publicado por: Redacción Universo Joven
 
La rivalidad estimulante es positiva para el niño, pero debe compatibilizarse con una forma de vida cooperativa y con valores.

Con frecuencia, al hablar de solidaridad nos referimos a identificarnos con los necesitados, éstos suelen ser personas anónimas a quiénes desconocemos. También hablamos de ser solidario con países del tercer mundo o con sociedades que han sufrido alguna catástrofe. «Ser solidario en estos casos es muy positivo, pero la solidaridad debe comenzar por el comportamiento con las personas cercanas de nuestro entorno y por las acciones concretas con personas que, muy cerca de nosotros, necesitan ayuda. Hoy resulta fácil fomentar la sensibilidad y el respeto por el medio ambiente o por los animales. Sin embargo, parece más complicado desarrollar la sensibilidad y solidaridad con las personas que sufren y lo pasan mal», apuntan desde la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (Amei-Waece). Como aseguran desde esta asociación, «nos hemos acostumbrado a escuchar comentarios o a ver imágenes de las desgracias ajenas, lo consideramos un mal habitual, perdemos la sensibilidad y mostramos poca reacción emocional».

«Todo vale» para el triunfo personal
En los últimos tiempos, prosigue Marisol Justo de la Rosa desde la Amei-Waece, se ha impuesto la competitividad generalizada. «Esta actitud conduce al individualismo, al egoísmo y a la "moral del éxito" donde "todo" vale para el triunfo personal, donde se considera al otro como un enemigo potencial que puede disputar aquello que se desea. Los propios sistemas educativos son competitivos y discriminatorios. No se valora el esfuerzo, la bondad, la generosidad, el altruismo y otros valores de nuestros niños, sólo el rendimiento escolar: las notas», explica. «No se estudia por placer, por enriquecimiento personal, sino por lograr unas notas. Los niños interiorizan que las notas miden lo que valen, no lo que saben; que deben destacar, vencer y triunfar sin importar los medios que utilicen; cualquier cosa es válida si se consigue fama, poder y dinero», añaden. Para esta maestra perteneciente a la Amei-Waece, «la rivalidad estimulante es positiva para el niño, sin embargo, debe compatibilizarse con una forma de vida cooperativa y solidaria».

Según Justo de la Rosa, los niños necesitan recibir ayuda de sus padres para establecer relaciones positivas con las personas de su entorno y reforzar las conductas solidarias hacia ellas. «De este modo, contrarrestan el ejemplo que reciben constantemente de conductas negativas y contravalores como el egoísmo, la envidia, la intolerancia, la ambición, el autoritarismo, el abuso, etc. La familia es el lugar más idóneo para aprender a ver virtudes en lugar de defectos, críticas destructivas, etc.», concluye.

¿Qué pueden hacer los padres para fomentar la solidaridad?
Sobre todo, indican desde la AMEI-WAECE, «transmitir este valor a través de sus actuaciones diarias y cuidar sus actitudes en las relaciones interpersonales», pero también poner en marcha lo siguiente:
—Colaborar con el educador de su hijo pidiendo información sobre mensajes y acciones comunes que conviene transmitir al niño.
—Leer cuentos, fábulas y narraciones cuyo argumento esté basado en la solidaridad.
—Comentar las situaciones insolidarias que se dan en las informaciones de televisión u otros medios de comunicación.
—En situaciones cotidianas en las que el niño se muestre poco solidario, provocar su reflexión con frases como: «Si eso te ocurriera a ti, ¿te gustaría que te tratasen igual?, ¿Cómo te sientes tú cuando te hacen eso a ti?».
—Acompañar al niño a una entidad de ayuda a indigentes o a una residencia de ancianos necesitados para llevar algún alimento, colaborar poniendo la mesa, etc.
—Animarle para que regale algún juguete a otros niños que carecen de recursos.
—Pedir que entregue algún alimento que le guste mucho a una persona indigente que se encuentre en la calle.
—Ofrecerle orientación sobre acciones cotidianas concretas:
—Cuidar de animales y plantas. Respetar y valorar las plantas y el mobiliario de parques y jardines de la ciudad.
—Desarrollar hábitos de ahorro de energía.
—Colaborar en la selección de basuras, hablarles sobre el perjuicio de las materias que dañan el medio ambiente.
—Ser solidario con vosotros ayudando en las tareas domésticas y cuidando los elementos del hogar, los juguetes, la ropa, etc.
—La solidaridad es la virtud por la cual nos mostramos unidos a otras personas, compartiendo sus intereses, inquietudes y necesidades. Por lo tanto, este valor es un complemento de la justicia que, para desarrollarse, necesita de las actitudes de otros valores como: la empatía para ponerse en el lugar del otro y ver las situaciones desde su punto de vista; la compasión para analizar las cosas con el «corazón» y sentimientos de fraternidad; la comprensión desde el reconocimiento de la dignidad personal del otro, o la ayuda para pasar a la acción y realizar actuaciones para modificar las circunstancias desfavorables de los demás.

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