El himno, que abre el cuarto evangelio, es una magnífica meditación creyente sobre la encarnación. No deja de llamar la atención que ejercitando la contemplación del misterio los primeros creyentes se hicieran poetas: el himno describe de modo somero las etapas de la 'biografía' de la Palabra de Dios: antes de la creación, en medio de ella, y con ella en Dios. En Jesús de Nazaret Dios se convirtió en trozo de historia y en vida de hombre; hecha carne su Palabra, se hizo posible la contemplación de la gloria de Dios. Nada le es ajeno a un Dios que se ha quedado al alcance del creyente; acampado en su mundo, nada de él le será ajeno; pero la única contemplación de Dios posible es la que se consigue mediante la escucha de su Palabra: ése el camino para intimar con el Dios que ha acampado entre nosotros. la aceptación de su Palabra es el camino de la filiación divina.
Juan José Bartolomé
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